
De día ella jugaba a ser la dulce señorita, la inocente princesa de papá, la linda muñequita de porcelana que traía como locos a todos los chicos del exclusivo colegio privado al cual asistía, chicos tan asquerosamente ricos como ella, tan hijitos de papá y mamá como lo era ella.
Pero de noche, la realidad era distinta. Detrás de su mascara de dulzura, detrás de aquella mirada encantadora existía la verdadera chica que aparecía solamente en las noches más oscuras y los sitios más extraños de la cuidad, aquellas noches en que las drogas, el alcohol y el fuerte sonido del punk-rock hacían un extraño efecto en la misteriosa chica de maquillajes fuertes y exquisitos labios rojos.
La noche creaba un cambio radical en la chica de las dos caras, tan diferentes una de la otra, tan distintas, pero a la vez tan iguales....

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